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Uniendo tradición y tecnología: Mujeres indígenas lideran enfrentamiento a la pandemia.

Lideresas de articulaciones sociales en Brasil, Paraguay y Bolivia luchan para compensar el abandono de los Estados y los efectos del coronavirus en sus comunidades.
por Maria Fernanda Ribeiro
13 de agosto de 2020

Los grupos de whatsapp de mujeres originarias en los cuales participa Cristiane Julião, de la etnia Pankaru, suenan a todo instante con mensajes que llegan de muchos lugares del país y del mundo. Resguardada en su aldea, en Pernambuco, desde el inicio de la pandemia en Brasil, pero siempre conectada a internet, Cristiane colabora con las articulaciones de las redes de solidaridad para ayudar a los pueblos originarios a enfrentar el coronavirus.

La colaboración sucede de muchas maneras, sea con canastas básicas y equipos de protección individual o con la promoción y participación en sesiones en vivo para denunciar cómo la ausencia de políticas por parte del gobierno brasileño ha afectado a los pueblos originarios en el país.

“Articulamos y traemos demandas para que las mujeres sean nuestros puntos de referencia, ellas son las que hablan sobre la distribución y sobre quien está necesitando. Es una red de mujeres muy grande. Pensamos y accionamos como organización, siempre mostrando la mirada colectiva y pensando no solo en nuestros pueblos, sino en todos”, afirma Cristiane.

El reportaje es parte del reportagem é parte do “Especial mujeres indígenas y territorios ante el desgobierno en tiempos de pandemia”, del Fondo Acción Urgente

Mujeres originarias en la línea de frente para compensar el vacío dejado por el poder público, es una realidad no solo en Brasil, sino también en otros países de América Latina, como Paraguay y Bolivia. Las realidades se asemejan por el abandono histórico y la discriminación producto de la colonización, y también por la visión de la cosmología originaria, dirigida al cuidado propio, la protección colectiva, el instinto de sobrevivencia y la resistencia, al recordar un pasado en el cual la llegada de enfermedades desconocidas diezmó muchas poblaciones indígenas.

Maria Leonice Tupari, coordinadora de la Asociación de Guerreras Indígenas de Rondônia (Guerreiras Indígenas de Rondônia – AGIR) participa de muchos de los mismos grupos que Cristiane – sino de todos. Ella tampoco se despega del celular en el intento de encontrar soluciones para mujeres de 30 etnias que integran la asociación y que cuentan con respuestas efectivas del Estado. Ella afirma que la ausencia de medidas dirigidas a mujeres originarias en medio de la pandemia es generalizada y cada comunidad hace lo que puede.

La realidad es que, abandonados a su propia suerte, los pueblos originarios crearon mecanismos propios para contener la entrada del coronavirus en las aldeas, y muchos han decretado sus propios cierres de emergencia por medio de barreras sanitarias.

La autonomía y la autogestión, por las cuales los pueblos originarios tanto luchan, han sido su salvación. Pero en simultáneo, las lideresas evidencian que autonomía no es sinónimo de abandono de las instituciones públicas. “El estado brasileño primero debe reconocer que los pueblos originarios son grupos de riesgo. Admitiendo esta realidad, debería haber creado, con la participación de pueblos originarios, pueblos y comunidades tradicionales, un plan de enfrentamiento y mitigación de los impactos de la pandemia en estas realidades. Pero lo que vimos fue una política atroz, vil, genocida, sádica, cargada de innumerables violaciones de derechos humanos y fundamentales, que no respetan los pueblos originarios ni nos consultan sobre qué queremos y qué necesitamos. Y es la autonomía de los pueblos indígenas que nos permite mantenernos vivos en la política, en la economía, en la justicia, en la tradición, en la creencia en nuestros Encantados”, explica Cristiane.

El virus llega, la ayuda no

Maria Leonice Tupari, de Brasil; Eva Melgar, de Bolívia y Cristiane Julião Pankararu, de Brasil. Fotos: Arquivo pessoal/ Estúdio Rebimboca

Incluso con los esfuerzos para aislar a las comunidades, el virus ha logrado entrar. El viaje hacia las ciudades en busca del auxilio de emergencia, por ejemplo, creó un flujo constante hasta las agencias bancarias y ha generado contaminación, cuentan Leonice y Cristiane. Además, existen mujeres originarias que ya viven en las periferias de las ciudades, una de las mayores preocupaciones de AGIR.

“Nosotras tenemos a muchas mujeres en las ciudades, sea porque están estudiando o porque no consiguieron volver a sus comunidades, sea por falta de dinero, sea porque los lugares son de difícil acceso o porque no tienen el territorio demarcado y terminan yendo para las periferias, sin ninguna estructura. La situación de algunas es de mucha vulnerabilidad porque dependen del trabajo y están pasando necesidades. Nosotras estamos en una campaña para llevarles alimentos”, afirma.

En el país vecino Paraguay, la situación es similar. La organización de estudios ancestrales y populares Ary Ojasojavo, de la cual Sofia Oviedo es parte, ha actuado para atender las 59 comunidades originarias en la región de frontera con Brasil, en el distrito de Amambay – vecino a la ciudad de Ponta Porã, en Mato Grosso do Sul – que necesitan urgentemente la asistencia del gobierno, tanto alimentaria como sanitaria.

Según ella, son personas indígenas que fueron a trabajar a Brasil y que hoy se encuentran en pésimas condiciones. Además de las dificultades humanitarias, existe la preocupación por el riesgo de contaminación, teniendo en cuenta que Brasil ya suma más de 600 muertes de personas indígenas por coronavirus, según el Comité Nacional por la Vida y la Memoria Indígena (Comitê Nacional pela Vida e Memória Indígena).

Liderada por Sofia, la organización emitió nota a la Comisión de los Pueblos Originarios del Senado paraguayo, pidiendo a las instituciones para que trabajen para el regreso seguro de las y los profesionales que están en Brasil. “También solicitamos que suceda una solución definitiva a la ausencia de asistencia para la totalidad de las comunidades Amambay, pues las crisis sanitaria y alimentaria se expandieron. Todos los derechos territoriales y fundamentales de los pueblos originarios están siendo destruidos. Son muchas necesidades para pocas respuestas”.

Mujeres por la colectividad

Según Sofia, con la crisis de la pandemia la ausencia de respuestas trajo a la luz problemas estructurales muy complejos, y en simultáneo ha revelado cada vez más la importancia de las mujeres en las comunidades. “Las mujeres originarias no están en el centro de ninguna política pública, pero deberían estar porque ellas son fundamentales para que exista esta red de cuidados”, afirma Sofia.

Ella cuenta que ya sea en los territorios más distantes o incluso en la región central de Asunción -capital de Paraguay-, es posible ver y entender la capacidad de las mujeres de crear lazos armoniosos con las personas del entorno. “Uno de los fundamentos del poder de las mujeres originarias es su capacidad de desarrollar y fortalecer el tejido, tanto en el sentido literal, que es su relación con el algodón, una planta ancestral, y también de varios fundamentos de armonía tradicional. Hay un fuerte cuidado de ellas con la salud, con la medicina originaria, los saberes de los usos de las plantas medicinales y todo esto es muy potente”.

Para Cristiane Pankaru, el movimiento de mujeres es colectivo porque ellas se perciben en el otro. “No necesito recibir un golpe para saber qué es la violencia doméstica. El dolor, si lo siente una, lo sentimos todas. El bien mayor es por el bien colectivo. Cuando el árbol de mango está lleno, no solamente me alimento yo sino los demás. Es el compartir. Cuando nosotras rezamos pedimos a nuestros guías espirituales que mitiguen esta visión egoísta y que nosotras logremos avanzar en algo más humano y solidario”.

Resistencias ante a una política discriminatoria

Una política dirigida a los pueblos originarios y, especialmente a las mujeres, que no sea racista es el punto de partida para la lideresa originaria Eva Melgar, de la comunidad Ramada, en Bolivia. Ella, que se intitula como activista feminista, afirma que a pesar de ser el coronavirus algo completamente nuevo, han hecho todo lo necesario para mantener la seguridad de las mujeres indígenas de la región de São José de Chiquitos, que pertenece al departamento de Santa Cruz de la Sierra. En esta comunidad hay 37831 casos confirmados, según el boletín epidemiológico del 12 de agosto y es, por lejos, la región con mayor número de casos en todo el país.

En la comunidad donde vive Eva la pandemia todavía no llegó, pero ya afecta la vida de las mujeres originarias pues, con el aislamiento en las aldeas, ellas no pueden más vender sus artesanías en las ciudades y deben buscar estrategias de apoyo. También intentan entender cómo la cosmovisión originaria puede auxiliar en el freno a la pandemia, con el uso de las medicinas caseras naturales.

“Parece que estamos olvidadas en esta situación crítica en la que estamos en el país y si la pandemia llega a las comunidades no tenemos cómo sobrevivir, pues estamos abandonadas. Necesitamos una atención médica de calidad, estructura, sea en la comunidad o en la ciudad, donde pudiéramos ser atendidas en nuestra propia cultura y costumbres”.

Sofia también siente el abandono y afirma que no hay alternativas para las economías existentes alrededor de los territorios y tanto los trabajos artesanales como las producciones devenidas de la agricultura local están suspendidas y, en consecuencia, las mujeres no tienen ingresos. Ella cuenta que los fundamentos de la visión originaria buscan referencias propias en los conocimientos ancestrales y la salud ha sido cuidada, incluso por medio de cánticos. “Los cánticos contienen el fundamento de los modos de vida. Están cantando para encontrar respuestas para estos males. Las mujeres tienen una capacidad de resiliencia bastante interesante.”

En la Amazonia brasileña, el desamparo es la sensación constante y la pandemia apenas potenció la ausencia de apoyo que siempre existió por parte del Estado. “Nosotras mujeres contamos apenas con nosotras mismas para recibir la información, pero nos hemos fortalecido a través de las reuniones y encuentros en línea. Si nosotras no tuviéramos la tecnología seríamos diezmadas como en el pasado. Nosotras las mujeres estamos en el frente de todas las articulaciones, desde la redacción de documentos hasta las solicitudes a las autoridades. Y si necesitamos permanecer aisladas hasta el fin del año, estamos preparadas. Siempre lo estamos.”

*Encantados son los espíritus ancestrales del povo Pankararu 

Este reportaje es parte de la acción especial en parceria con el Fondo Acción Urgente y La Ruda para visibilizar la lucha de las mujeres indígenas frente la pandemia. Leya la editorial.

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